Me duché, hice la mochila, me comí dos tacos con un café con leche y me despedí de Angela, la dueña del hostal.
Justo me estaba poniendo en el cuerpo la mochilota, la mochila, la caja y un bolsito anexo para irme, cuando, plof! Chama en la puerta, oooooooooh! que bien, me daba no se que irme sin saludar al pendejo, así que buenísimo, me acompañó hasta el colectivo para ir a la central de autobuses y me fui.
Ví un extenso paisaje de campo y palmeras, altas, bajas, con copas fuertes o pobres.
El pueblo anterior a Acapulco me impresionó, era ya de noche y subian las lucecitas de las casas de los montes, como estrellas trepando los árboles. Al pasar por la ladera se podían ver recobecos de hojas, algúna persona, algúna pared, algúna callecita de tierra subiendo.
Llegamos a Acapulco y me dí cuenta que los tantísimos autos escarabajos que ví estacionados en el camino eran... taxis! jajajajaajajajajaj son blancos con un gran número en negro de unos cuatro dígitos en el capot (o como se escriba) ah! y tienen azul sobre las ruedas.
La estación de Acapulco no es como las demás, ésta no es desolada,
El bus a Puerto Escondido salía a las dos de la mañana y eran las ocho y media de la noche, así que a esperar pacientemente.
El guardamaletas costaba 4$ cada maleta y hora y como tengo supuestamente, tres, pos no.
El guarda me cuidó las cosas un ratito y fui al baño, pagando 3$, no había agua, así que me lavé los dientes y me los enjuagué con un agua saborizada que me había comprado en Zihuatanejo... jejeejeej y si!.... que voy a hacer?
Obivo no dormí.
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