Hace mucho calor, la playa es preciosa, y estoy contenta de haber salido con mis artesanias.
Para bajar a la playa la única manera es bajar 170 escalones que no conté, pero me dijeron que son esos, un lugar increíble, una calita entre las rocas montañosas. Llegué exausta, buenisimo que estaban los pibes, ya que pude dejar mi caja mis collares, mi mochilita, tirar todo ahí ponerme casi en pelotangas e irrrrrrrr corriendoooooooooo y gimiendo al
mar! mi tan preciado mar!!!!!!!!!
La arena es dorada! de verdad, sin metaforas!
La temperatura del agua es refrescante, no fria, su peso y textura toca, abraza y se deja en la piel. Es SER mar y es maravilloso.
Después volví a la arena y extendí mi amado pareo que tantas risas y playas vá teniendo y quiere más. Me acosté al caliente sol para que absorva a tiempo als gotas del oceano que el mar me dejó y se conviertan en nubes tardías. Abandonando la sal para que ella, estridente, me cure las heridas.
Pero claro, me daba no se qué ir sola, así que incluí a Daniel en la conversa y nos invitaron a los dos, buensimo, asi no voy sola y de paso él también ahorra los 100$ por día.
Nos quedamos un rato más en la playita tan amena y después a subir los 170 escalones para caminar ahsta el lejano hostal.
A la noche, salimos Daniel, Niv, un Israelí copado y yo a tomar una cerveza a un bar con pool, jijiiji, me rebentaron jugando, pero la pasamos muy bien. Lástima la margarita que de tan salada, parecia cualquier otra cosa.
Después nos fuimos un ratito a la playa donde encontré a las Tres Marías, que había perdido por 6 años en barelona, aunque una vez, me pareció verlas, jejejejej.
Y a dormir, feliz pesando en mañana! casa de familia!
No hay comentarios.:
Publicar un comentario